Decidir sin estar segura: lo que he aprendido en tres años emprendiendo

Hay meses que se repiten. Tanto por el calendario, como por lo que traen.

Para mí, marzo lleva varios años siendo un mes de mucho movimiento.

En marzo de 2021 tomé la decisión profesional que más ha reconfigurado cómo me muevo. En marzo de 2023 empecé mi emprendimiento. Y ahora, tres años después, es el mes en que me siento a escribir el primer post de este blog.

No busco simetría en las fechas. Pero sí hay algo en que los momentos de más movimiento interno que, al menos en mi caso, tienen tendencia a coincidir en la misma época del año.

Como si hubiera ciclos que no decides de forma intencional, sino que simplemente ocurren.

Este post viene de la revisión de estos tres años de montaña rusa. No pretende ser un resumen ordenado, sino un resumen de los aprendizajes que siguen siendo relevantes para mí y que comparto habitualmente.

La soledad de tomar decisiones profesionales

Cuando empecé a formarme como coach, en 2021, pasó algo que no había visto venir: tuve que empezar a tomar decisiones sin buscar que alguien me las validara primero.

Suena simple, pero no lo fue. Para nada.

Había construido mucha seguridad sobre la opinión de personas en las que confiaba. Mi siguiente paso solía pasar por un filtro externo antes de ejecutarse. No de forma muy consciente, eso también lo fui entendiendo en el proceso, sino como un mecanismo instalado. Muy automático.

Trabajarlo llevó tiempo.

No fue lineal ni ordenado. Hubo momentos de avance y de vuelta atrás, periodos en que lo tenía claro y momentos en los que volvía a buscar fuera lo que tenía que encontrar dentro. Fui aprendiendo a distinguir cuándo buscaba una segunda opinión porque era útil y cuándo la estaba usando para aplazar una decisión que realmente ya había tomado.

En ese proceso hubo un momento concreto, una mezcla entre revelación y comprensión, donde algo se recolocó: no era que me faltara seguridad para avanzar, era que llevaba tiempo buscándola donde no estaba. 

Cuando empecé a emprender, en marzo de 2023, ese aprendizaje subió varios niveles de intensidad.

En un entorno profesional habitual hay estructuras que contienen: feedback, colaboración, jerarquía... Al emprender, la mayor parte de eso desaparece. Ahí estás tú sola para decidir en tiempo real, con información incompleta, sin que nadie confirme si estás eligiendo bien o con quien compartir dudas. Y se volvió a remover lo que pensaba que ya tenía resuelto. Ilusa, aquí vino el asentamiento de verdad.

Durante los dos primeros años trabajé activamente en esto. Con muchísima incomodidad, y también conciencia de que era el trabajo que tocaba.

Aprender que la seguridad no llega antes de actuar, sino después. Que esperar a sentirte lista para dar un paso puede parecer muy lógico, pero que, si lo piensas en frío, es una trampa muy elegante (y habitual).

La moraleja para mí: no necesitas estar segura para avanzar.

Necesitas avanzar para ir construyendo tu seguridad, la seguridad de que tienes todo lo necesario para avanzar.

Si te interesa, he preparado un audio sobre mi momento de inflexión profesional donde te explico esto con con más detalle.

Cuando el error tiene un coste real

El segundo aprendizaje fue más caro. Literal.

Colaboré en un proyecto en paralelo a mis servicios principales. No voy a entrar en mucho detalle, pero sí quiero nombrarlo, porque lo que pasó es (muy) útil.

El primer problema fue que entré a colaborar desde el miedo.

Aunque estratégicamente ese proyecto encajaba en mi dirección, realmente debajo estaba el miedo a decidir sola (volvemos al punto uno). Compartí responsabilidad para no cargar con el decidir sola. Con la ilusión de recuperar el trabajo en equipo, avancé ignorando señales de que algo no funcionaba.

El segundo problema fue reconstruir sin revalidar.

El primer acercamiento fue mejorar el producto. Refinar. Rehacer. Pero no me pregunté si el supuesto inicial seguía siendo válido. Si tenía sentido seguir invirtiendo tiempo en esa dirección.

Construir sin validar sobre la marcha no es prudencia: es aplazar el momento de verdad.

Meses de trabajo en la dirección equivocada...

Lo que quedó como aprendizaje (mira que lo había oído veces, pero patiné a lo grande de todas formas): fallar pronto vale más que construir despacio. Cuanto antes encuentras lo que no funciona, antes puedes redirigir con el menor coste. 

Encontrar tu voz en tu carrera profesional

El tercer aprendizaje fue más silencioso, y lo entendí más tarde.

Hace unos cuantos meses dejé de seguir cuentas y perfiles de personas que hacen algo parecido a lo que hago yo. No era tanto sensación de comparación y competencia, sino ruido que me traían.

Como buena emprendedora incipiente, me había acostumbrado a mirar cómo lo hacían otros antes de decidir cómo lo iba a hacer yo. Y eso contamina... Hace que empieces a comunicar desde la comparación y no desde tu criterio.

Las borré todas y empecé a trabajar la comunicación desde lo que tenía sentido para mí: en formato, en frecuencia, en tono, en lo que quería decir y lo que no. Sin necesidad de contrastarlo constantemente con referencias externas (otra vez).

La voz propia no es algo que aparece de golpe: se va afinando a medida que te arriesgas a usarla.

Y para eso también hay que quitarse de encima el ruido.

 

Tres años. Se dice rápido ;)

Tantas cosas que no vi venir y tanto aprendizaje que no cambiaría por nada.

Lo que más me ha calado es esto:

La seguridad no es lo que te permite avanzar. Avanzar es lo que va construyendo tu seguridad.

Esto aplica a decisiones grandes y pequeñas.

Y de eso va mi propuesta.

De dejar de darte vueltas.
De recuperar el pulso de tu carrera.

Si estás en ese punto en el que ves que algo no encaja pero no sabes cómo ordenar todo eso ni cómo tomar decisiones profesionales con claridad, este audio es el mejor sitio por el que empezar

Este fue el punto de inflexión que cambió cómo tomo decisiones profesionales

Descarga este audio de 8 minutos para dejar de darte vueltas y ver qué está pasando realmente.

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